Es poco común que los mamíferos usen la ecolocalización. Los cetáceos con dientes (delfines, marsopas y otros) son conocidos por poseer este sentido vital para su búsqueda de alimentos. Pero los murciélagos también lo usan. Bueno, no todos. En total, aproximadamente el 70 por ciento de los quirópteros tiene la capacidad de utilizar una sofisticada ecolocalización, que a diferencia de la vista o el oído, constituye una forma de percepción activa.

Verás, hay murciélagos del suborden Megachiroptera y murciélagos del suborden Microchiroptera. Mientras los primeros se alimentan de fruta, los segundos tienen que capturar insectos y otro tipo de presas para satisfacer sus requerimientos nutricionales. Dada esta necesidad y su hábito de buscar comida en las noches, poseen la ecolocalización, que funciona como una especie de radar. Los miembros del orden Megachiroptera carecen de la habilidad, pero una excepción son los individuos del género Rousettus, que son megamurciélagos y cuentan con este sentido.

Ecolocalización: Es un proceso que consiste en la emisión de sonidos ultrasónicos desde partes del cuerpo como los sacos aéreos, que rebotan en los objetos cercanos y producen eco.

¿Qué es la ecolocalización o ecolocación? Es un proceso que consiste en la emisión de sonidos ultrasónicos desde partes del cuerpo como los sacos aéreos, que rebotan en los objetos cercanos y producen eco. Entonces el sonido llega de regreso al animal emisor y puede interpretarlo para orientarse, localizar los obstáculos y las presas y
para tener una idea del tamaño, la dirección y la velocidad de éstas. Desde esta perspectiva, los murciélagos están facultados para saber todo lo necesario sobre un minúsculo insecto cercano a él sin siquiera haberlo visto.

Lo anterior no se debe a que el quiróptero no pueda ver bien. Su vista es muy aguda y su sentido del oído es tan bueno como el de otros animales. Algunas especies incluso tienen orejas increíblemente largas o con una proyección extra que les dota de una mayor precisión al oír. Pero la ecolocación es una adaptación desarrollada hace millones de años que les permitió detectar ciertas especies de insectos y de navegar en entornos con escasa luz solar. En contraste, los megamurciélagos no tienen la necesidad de capturar una escurridiza comida, pero algunos como el murciélago o panique egipcio, si bien pertenece al grupo de los individuos que se alimentan de fruta, emite agudos pulsos con la lengua para hacer uso de una rudimentaria ecolocalización con el fin de orientarse en las cuevas.

La ecolocalización en los murciélagos

Ahora bien, vamos a ver cómo funciona. Los micromurciélagos emiten ultrasonidos a través de la boca y la nariz. Un ultrasonido es un sonido de alta frecuencia que está encima del rango de audición de los seres humanos, así que para nosotros resulta imperceptible. La vibración acústica o ultrasonido es de unos 18 kHz, dura unas milésimas de segundo y choca con los objetos y animales circundantes; la frecuencia aumenta en tanto se acerca a una presa. La señal rebota y regresa a él para ser interpretada. Mientras más rápido llega de nuevo a su emisor y mientras más intensa se percibe, la presa u objeto se encuentra más cerca.

Aproximadamente el 70% de los quirópteros tiene la capacidad de utilizar una sofisticada ecolocalización.

El hecho de emitir ultrasonidos por la boca o por la nariz ha contribuido para que muchos micromurciélagos posean una especie de excrecencias en el hocico, confiriéndoles un aspecto un tanto llamativo o curioso. Es el caso del murciélago pequeño de herradura (Rhinolophus hipposideros), que debe su nombre a la excrecencia con forma del objeto del mismo nombre ubicada en su nariz. Gracias a esto el haz de sonido es enfocado o dirigido de forma precisa. Por su parte, el murciélago fantasma del norte de Australia (Macroderma gigas) exhibe unas excrecencias nasales de forma puntiaguda que también tienen la función de enfocar el sonido; en adición, sus enormes orejas facilitan la interpretación del eco. Algo similar ocurre con los miembros del género Rousettus.

Y para que las emisiones no les provoquen sordera, ya que por cada emisión se produce un aleteo, los músculos del oído medio se contraen y vuelven a su estado de relajación una vez que las emisiones cesan, para permitir que el eco sea escuchado.